Red Natura 2000

La Red Natura 2000 busca ser una red de espacios de gran valor ecológico, repartidos por toda la Unión Europea, creada para garantizar la supervivencia de las especies y hábitats más valiosos y representativos, en armonía con la población humana que en ellas habitan. Así, se hace frente a las obligaciones contraídas por los Estados, en materia de conservación de la naturaleza, como el compromiso de detener la pérdida de biodiversidad en el territorio de la Unión Europea.

La Red Natura 2000 está formada por las Zonas Especiales de Conservación (ZEC), -designadas por los Estados miembros con arreglo a las disposiciones de la Directiva 92/43/CEE, de 21 de mayo de 1992, relativa a la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres, conocida como Directiva Hábitat- y las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA), establecidas en virtud de la Directiva 79/409/CEE del Consejo, de 2 de abril de 1979, relativa a la conservación de las aves silvestres (Directiva Aves).

En el caso de España, y en coherencia con las competencias sobre gestión de espacios protegidos, son las Comunidades Autónomas las competentes en gestión de la Red Natura 2000. Actualmente en España, la superficie incluida en la Red Natura 2000 supone  el 27,2 % de la superficie total del país; esta cifra hace merecedora a España de ser el país europeo que mayor superficie aporta a la Red Natura 2000, con una diversidad de ambientes también muy acusados, casi el 19 % de la superficie de la Red Natura Europea se encuentran en España, lo que refleja la rica diversidad biológica y del relativo buen estado de la misma.

La Directiva Hábitat recoge que los Estados miembros – y en España, las Comunidades Autónomas- deberán adoptar las medidas de conservación necesarias para evitar el deterioro de los hábitats naturales y de los hábitats de especies; estas medidas pueden formalizarse a través de planes o instrumentos de gestión o de medidas reglamentarias, administrativas o contractuales.

En España, donde existen unas fuertes relaciones entre diversidad biológica y mantenimiento de determinadas prácticas agrícolas, ganaderas y silvícolas, es necesario tener muy en cuenta el papel que estas medidas e instrumentos de gestión de la Red Natura 2000 puedan jugar en términos de desarrollo sostenible del medio rural.

En un primer análisis, pueden encontrarse dos vertientes del papel de la Red Natura 2000 –y de los espacios protegidos en su conjunto- en el desarrollo sostenible del medio rural.

Por un lado, es evidente el interés turístico que despierta la simple declaración de un espacio como protegido. Este “efecto llamada” y el auge en los últimos años del denominado turismo de Naturaleza pueden ser muy útiles para diversificar la economía rural, fomentando el turismo o articulando alrededor del espacio protegido una marca de calidad como es el caso de NATURAGRO por poner algunos ejemplos.

Por otra parte, y reconociendo el papel del hombre en el mantenimiento de la diversidad biológica con un adecuado manejo de ciertos ecosistemas muy abundantes en nuestro país (alrededor del 20 % de la Red Natura 2000 en España son dehesas, por ejemplo, un ecosistema paradigmático de esta relación entre diversidad biológica y manejo del ecosistema), existe un importante incentivo social- una vez establecido el objetivo de conservar la diversidad biológica-para que se conserven prácticas agrícolas, ganaderas y forestales sin las cuales es imposible mantener esos ecosistemas. La traslación de este incentivo social a los gestores del territorio se convierte en ineludible si se aspira a conseguir el objetivo de conservación de la diversidad biológica, por lo que, de efectuarse esa traslación, agricultores, ganaderos y propietarios forestales percibirían beneficios de la política de conservación de la Naturaleza.

La agricultura y la ganadería son actividades que han sido determinantes para conformar una parte de la rica biodiversidad que hoy día atesora nuestro país y que, a través de la Red Natura 2000, se incorpora al patrimonio común europeo. En la mayoría de los espacios de la red, estas actividades son imprescindibles para mantener el buen estado de conservación de los hábitats y las especies por las que forman parte de la Red Natura 2000. Tal es el caso de ciertas zonas de cultivos cerealistas y pastizales de secano o de prado y pastos de alta montaña, donde la agricultura  ganadería extensivas son la base de su propia existencia.

La actividad agrícola y ganadera en la Red Natura 2000 puede aprovechar la opción de una marca de calidad diferencial (como es el caso de NATURAGRO) mejorando la competitividad de sus producciones. Formar parte de la Red Natura 2000 es señal de un medio ambiente saludable y en buen estado de conservación y, en el mercado actual, esto puede aportar valor añadido a los productos. Además, este sello de calidad, fácilmente asociable al sector primario, tiene potencial para alcanzar también a empresas del sector secundario, como industrias de transformación alimentaria o diversas artesanías, que compartan y contribuyan al aprovechamiento sostenible de los recursos.

Con la voluntad de todos, la Red Natura 2000 constituye una importante oportunidad para mantener y desarrollar el tejido social y económico de las áreas rurales más desfavorecidas, menos productivas y competitivas. A su vez, ésta será la clave para lograr una eficaz conservación de los valores naturales de estas zonas, modelados por siglos de influencia humana, y de un medio ambiente de calidad para generaciones venideras.

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